Hace algunos años -en concreto 14- me decía un gran Prelado: "Roma hay que verla siempre con ojos de fe". Nos encontrábamos en la escalinata de la Basílica de San Pedro y teníamos ante nuestros ojos una ingente muchedumbre que llenaba la plaza. Haciendo un movimiento con su mano derecha, como queriendo mostrar en su amplitud la Ciudad Eterna, me decía esta frase que se me ha quedado grabada en la mente y en el corazón. Ahora que estoy viviendo en esta grandiosa Ciudad -así con mayúscula- desde hace un año, me doy cuenta de la verdad contenida en la frase de este querido Prelado.
Para ver a la Iglesia con ojos de fe, hemos de tener los ojos claros. Limpios por el colirio del amor. De esa manera, siempre nos sorprenderá sabernos hijos de la Iglesia. Lo hemos aprendido y vivido en lugares lejanos a esta Ciudad. Siempre hemos tenido en el corazón el ser "romanos". Ahora, si cabe, se puede ser "más romano". Con tal que esta "romanidad" crezca y se difunda.
En castellano, si leemos al revés la palabra "Roma" se lee "Amor". Y qué razón hay.
Los santos han tenido ese don de "ver con los ojos de Dios", de caminar al ritmo de Dios. Sigamos estos buenos ejemplos.
sabato 2 dicembre 2006
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